martes, 25 de junio de 2013

La casa de Bernanda Alba



  La casa de Bernarda Alba

                  Una obra conflictiva

         Este fragmento de la obra de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca (publicado en el año 1936), trata sobre las mujeres y su deseo por los hombres. Además influían en su sexualidad reprimida, el calor, la lluvia, y la alegría ó desánimo de las mujeres. Algo que tiene mucha importancia en este fragmento y que se nota en la obra, metafóricamente son los muros. Los “varios muros” que aparecen en esta obra, indican el límite de la interioridad y la exterioridad de la casa.
“Se oyen unas campanillas lejanas como a través de varios muros”.
La interioridad claramente está relacionada con lo que pasa dentro: los conflictos y las discusiones que las mujeres tienen entre sí. En cambio, la exterioridad se refiere a todo lo que pasa en el campo. Mediante ventanas ocultas de la casa, las mujeres podían mirar a los hombres como trabajaban, o simplemente podían echarles un vistazo a esos hombres que deseaban.
ADELA: “Vamos a verlos por la ventana de mi cuarto”.
PONCIA: “Ten cuidado con no entreabrirla tanto, son capaces de dar un empujón para ver quien mira”.
En esta escena aparecen 5 hermanas: Magdalena, Martirio, Adela y Amelia, y La Poncia. Esta última, tiene 60 años y es la criada principal. Se queja continuamente de todo, cuestiona a Bernarda, y se mete en los asuntos personales de las mujeres de su ámbito. Magdalena tiene 30 años, es otra de las hermanas y segunda de nacimiento y la que deseaba mucho a los hombres. Martirio tiene 24 años, tiene una joroba. Como bien dice el nombre, representa el sufrimiento y ella lo hace aún mayor. Es resentida, psicológicamente disminuida su capacidad mental. Adela tiene 20 años y es la más joven de todas. Es la más rebelde, con mucha vitalidad y suele tener arrebatos intensos. Amelia es la que tiene 27 años: Caprichosa, resignada, tímida y asustadiza en extremo.
         Los principales temas que aparecen son las tensiones autoridad-libertad, ley social-ley natural, razón-instinto, deber-deseo, y la realidad-imaginación. La primera está basada en una autoridad dirigida por Bernarda, que obliga y reprime constantemente a sus hijas de modo que no tienen libertad. La ley social es la que se basa en la represión, el casamiento y la sexualidad. Las funciones del hombre consisten en trabajar duro durante horas, en el campo. En cambio, la ley natural es para la mujer que trabaja en su casa, cuidando de sus hijas y sus tareas del hogar. Uno de los deberes importantes que aparece en esta obra, es la prohibición de las mujeres hacía el sexo masculino. Por esa razón lo prohibido se hacía más tentador. Los hombres en cambio debían pagar para tener sexo. Tal es así que en esa época la madre le daba a los hijos varones dinero para que tuvieran relaciones amorosas con las prostitutas (mujeres que trabajaban para ese fin). Como bien dice el fragmento, las mujeres tienen una prohibición muy distinta a los hombres.
PONCIA: “Hace años vino otra de éstas y yo misma dí dinero a mi hijo mayor para que fuera. Los hombres necesitan estas cosas”.
A ellas, se les inculcaba el encierro, el cuidar del sexo y casi ni siquiera mirar a los hombres.
Adela ayuda a reconocer la realidad de la situación haciendo que abran los ojos y la imaginación que tenían todas las hermanas de vivir de otra manera. Lo que ellas mismas producen en su cabeza, es tratar de vivir en paz y sin conflictos pero no lo logran.
Permanentemente hay discusiones, peleas, conflictos, agravios hacia la madre y todo lo que tenga relación con la integración familiar. Son tan grandes las discusiones que hasta los cambios climáticos influían en la relación. Cuando una de las hermanas dice que hace mucho calor, se refiere a esa “pasión” que tienen hacía los hombres. Por no poder tener relaciones con ellos, se violentan, se pelean y discuten todo el tiempo. Era algo necesario para su alegría. Poncia describe en este fragmento:
 “No hay alegría como en los campos en esta época. Ayer de mañana llegaron los segadores. Cuarenta o cincuenta buenos mozos”.
Se refiere a esa sensación de tristeza dentro de la casa, cuando ven a los hombres desde adentro, aunque sea observándolos desde lejos. Cuando estas mujeres dicen que querían que llegara el frío se refería a que se iba a aproximar a una pelea, o discusión. Viven peleándose por ese motivo. Cuando las mujeres indican que querían agua, se referían al calor, a la sed que les producía ver a los hombres, aquella calentura. También a causa del calor, ellas se arrepentían de haber nacido así, cuestionando el hecho de ser mujer, de haber nacido de otra manera, sin tantas discusiones ó de tanta represión y castigo.
          
     La conclusión de esta obra es, relacionándolo con el fragmento leído, un conjunto de drama y de dolor que las mujeres representaban. La sociedad en la que viven es represora, y lleva casi hasta la locura de ellas. Es imposible vivir con la falta de amor y sexo. Ya que las relaciones entre personas son naturales, y como bien describe el autor, la injusticia y la represión acerca de la sexualidad no pueden existir. Las ventanas era símbolo de comunicar, ver, observar y disfrutar a los hombres. Esta claro el ejemplo, que Bernarda era la más represora de la familia, la que vive poniendo orden a las cuestiones de ser mujer, muchas veces injustificadas, y que algunas de las hijas se le revelaban ante ella, criticando su situación como mujer. Era la que no dejaba libre a las hijas por nada del mundo. Viven mintiendo permanentemente, por un lado usan los silencios como signo de vergüenza y pensaban que mintiendo solucionarían todos los problemas.

   Bernarda Alba y sus hijas.

  Representación de la obra por la actriz Nuria Espert como Bernarda y  Rosa María Sardá como Poncia.